Aquí les presento mis cuatro libros.

El vampiro drogadicto. "Antología de cuentos de ficción donde afloran temas como las adicciones, las drogas, el narcotráfico,...

Expiatorio (Poesía)


Expiatorio


Imposible ignorarte,
Sacarme los ojos para no verte,
No funciona.
Me atraes, tu silencio ceremonial,
Tus grandes pilares,
Tu hermoso tallado,
Tus múltiples cuellos esbeltos,
Tus piernas cruzadas,
Tu seno bien erguido y puntiagudo,
Tus ojos de vitrales,
Tu semioscuridad,
Tu piel morena,
Tu perfume religioso,
Tu inmortalidad,
No puedo evitarte,
Soy todo un buen pecador.

Ahora entro en ti
Siempre que puedo.
Entro y entro y guardo silencio.
Nada de gemidos, solo
Ahí adentro,
Silencio sagrado.
Gracias.

Francia (Poesía)




Como un épico romance te recuerdo,
Cuando te conocí, en mi metamorfosis,
Quedé impresionado de como transpirabas
Un agradable, apasionado y sensual aroma
A flores de cultura, arte, ciencia y estética.
Desde las piedras talladas de los templos,
El acordeón de los trenes,
Los ríos de museos y festivales,
La comida de mi tío en la provincia,
El agradable olor a café
Entre tus piernas y caderas estrechas,
Y hasta los múltiples saqueos de Napoleón.
Todo te quedaba tan bien y me atraías
Como el polen a las abejas.
Permanecía horas viendo las gárgolas tan perfectas
Sobre aquellos numerosos pezones de tu cuerpo.
Exploraba por horas y días cada rincón tuyo
Lleno de magia y clichés y de un je ne sais quois.
Fue así que me sedujiste y a pesar de que sabía que eras
Una de mis madres, claudiqué ante tus encantos.
Y fue así que al regresar
A mi remota isla, me prometí que volvería
Y que a pesar del tabú, retornaría para
Amarte y acariciarte en cada recoveco,
Y así fue…
No fue fácil, como en toda relación
Apasionada las cosas se pusieron difíciles
Tu gusto por exprimir a tus millones de amantes
Llenarnos de estrés, angustia, depresión y suicidio.
Conocí tus días grises que duraban meses,
Conocí tu frialdad moribunda que hasta la
Gente deambulaba pálida y de negro sobre ti,
Tus horarios rígidos,
Conocí un desfile de reglamentos,
Tu gran rigidez y burocracia,
Me desgastaste, hasta terminé enfermo
Del estómago, pálido, cadavérico y aun así
Me encantaba revolcarme sobre tus piernas
Tus brazos, tus senos, tu sexo y perder
El contexto.
Incluso así todo roto,
Cada día y cada noche que pasaba contigo te seguía
Gozando y adorando, aunque para ti yo no fuera nada,
Más que un contribuyente más.
Pero como en toda relación de miel y veneno
Tuvimos que poner fin.
Sólo resta agradecer que en la memoria flotan
Los buenos momentos.

Como cuando dejo de fumar (poesía)


















Como cuando dejo de fumar.


Como cuando dejo de fumar,
como cuando dejo de tomar,
como cuando dejo de olvidar,
como un niño perdido entre el bullicio,
como un nuevo desierto que extraña el agua,
como un hombre sin sueños,
como una calle sin silencio,
como un sol sin amanecer,
como despertar sin saber quienes somos,
como una luna sin amorosos,
como una playa sin amantes,
como una pintura sin leyendas,
como una noche sin tus piernas,
como un bosque sin árboles,
como una mirada sin tus ojos,
como una casa vieja y vacía,
como una lágrima que regresa al ojo,
como las estrellas sin poesía,
como un país saqueado y pateado,
como un cuerpo no reclamado,
como una armadura vacía
así y así,
como un escrito jamás terminado...




Tierra mojada (Poesía)



En un gran ojo azul,
en un pedazo de tierra
amanece mojado.
Miles de lágrimas
hacen un concierto de trance.
Las plantas, los árboles,
el calor y la inspiración
lo agradecen.

Huele a tierra mojada, dicen
y aún así corren de un lado a otro.

Algunos pájaros ceden su concierto,
otros son fieles al ritual y cantan
desentonados.

Nebulosas estelares se apropian
de ramas, brazos, piernas, patas
cabezas, calles, pulmones,
ideas, traiciones, amores,
sexos, avenidas, casas, edificios...

Y yo, placido, oigo la agradable música
entre los motores y los engranes,
que rechinan desde las jaulas
productivas e interactivas, de nuestro
pedacito de tierra empapada.

Suicidio (Poesía)


Suicidio

Todo está contaminado,
contaminado el aire,
el agua, la tierra
los mares, los bosques,
las selvas, tu pensamiento
tu mirada, tus sueños
la ansiedad, la depresión.

Todo está muy contaminado
tus esperanzas...
La política, los piropos
las escuelas, los cines
los movimientos,
las sociedades, la comida
la tristeza en tu mirada,
la mercadotecnia
la música, la noche
el vacío, el éxito
las utopías
incluso mirar una noche estrellada.

Todo está corrupto y contaminado
El trabajo, mirarte...
el suicidio, la vida, los excesos
los libros, la mañana.

Todo está lleno de mugre y porquería
La tele, los deportes
la radio, las series
la películas, la izquierda
la derecha, las feministas
los feministas, las naranjas
la tecnología, hasta la idiotez
las ideologías, el circo
tus lagrimas...

Por eso quiero suicidarme entre tus piernas
suicidarme muchas veces
en lo más profundo de ti, de tu boca
desaparecer sobre tu cuerpo
en tus indómitas aguas, tormentas
ciclones, hoyos negros
desaparecer y renacer
ser niño otra vez.

Cero complicaciones (Poesía).

Cero complicaciones.



Vuelvo a la rutina con esta armadura.
Tu sonrisa divina, tu amor espontaneo, mi motor.
Embriagando mi río en gotas de trabajo que no remuneran.
Guerra sucia, marionetas por todas partes.
Todo contaminan, hasta los sueños más transparentes y profundos.
Tan sencillo ser feliz, sólo subirse al techo de una casa
y mirar como mi amor se funde en tu piel, solo eso, sin embrollos. 

De la cascada de energía (poesía)

De la cascada de energía,

 del tsunami de energía. En el mar de energía, mi voz vapor. Presas, diques se desvanecen. Sol, estrellas, egos gigantes se desvanecen. Memorias, luces, sonidos, días, sueños que se diluyen. Apareces como ola salvaje y efímera y en fotos inútiles trato de conservarte, atarte, amarte. Herido y cansado del pasado, un barco en picada, un bosque incendiado, un eco olvidado, un dolor que alucino es el mismo. Fluye, dicen. Vuela, me digo, mira el sueño desde la luna, mira el ruido, cascadas, olas, ríos, sangre, tormentas, ciclones, amaneceres y atardeceres, todo y nada, hacia el mar, en el mar.

La tentación de San Antonio, 1946 de Leonora Carrington